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Noticia 05 de febrero de 2021

Usan “enemigos naturales” vs plagas y enfermedades en cultivos orgánicos.

Frente a la creencia que señala que con sólo agroquímicos se puede aumentar la producción y la rentabilidad de los agricultores, existe una alternativa ecológica u orgánica basada en el uso de la biología y “enemigos naturales” contra plagas y enfermedades de cultivos agrícolas. Se trata de usar extractos naturales, insectos, bacterias, virus, hongos y nematodos para controlar estos males. En ello trabajan investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP). Los extractos y aceites vegetales, por ejemplo, a base de neem, tomillo, chicalote, chile, tabaco, ruda, zempazuchilt, ajo, cebolla o epazote, se pueden usar contra trips, pulgón, mosca blanca, nematodos, paratrioza o gusano de fruto. Otra alternativa es atacar un insecto con uno de sus enemigos naturales o depredadores. Destaca por su alta eficiencia la crisopa (Chrysoperla carnea) y catarinita (Coccinella septempunctata) para control del pulgón, trips, mosca blanca y paratrioza. En el caso de hongos (entomopatógenos) para controlar las poblaciones de mosca blanca, trips, pulgón y picudo de chile sobresale beauveria bassiana y verticillium lecanii para pulgón, mosca blanca, ácaro y picudo. También hay aplicaciones de metarhizium anisopliae para controlar poblaciones de picudo y palomilla; y bacillus thuringensis para el control de gusanos, trips y paratrioza. En el control etológico se incluyen atrayentes en trampas y cebos, repelentes, inhibidores de alimentación y sustancias diversas que tienen efectos similares conocidos como feromonas. Salvador Villalobos Reyes, investigador del Campo Experimental Bajío del INIFAP, ubicado en Celaya, Guanajuato, destaca que el cultivo de productos orgánicos, donde se utilizan estos métodos ecológicos contra plagas y enfermedades, tiene un gran potencial, sobre todo porque México orienta alrededor del 85 % de estos alimentos a la exportación. “Nuestro país puede consolidar y abrir mercados que demandan productos más sanos e inocuos, los cuales se ubican en Estados Unidos, países de la Unión Europea y de Asia”. El mercado de hortalizas orgánicas hacia Norteamérica tiene una perspectiva positiva si se considera que al tercer semestre del presente año, en productos convencionales se generaron ingresos considerables para el país por concepto de exportaciones. Por ejemplo, el tomate representó 1,768 millones de dólares (mdd); pimiento, 1,060 mdd); pepino, 453 mdd), cebolla (316 mdd); y fresa (464 mdd), de acuerdo con cifras del SIAP. Si analizamos estos números y que la tendencia mundial es hacia el consumo de alimentos más sanos e inocuos, nuestro país podría aprovechar esta perspectiva y beneficiar a los 210 mil pequeños productores que cultivan orgánicos, en entidades como Chiapas, Oaxaca, Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato, Colima, Baja California Sur, Michoacán, Guerrero, Jalisco, Veracruz y Sonora, expresa el especialista. En México, manifiesta, “la agricultura orgánica está en franca expansión”. La superficie pasó de 25 mil a más de 673 mil hectáreas en los últimos 15 años. Los productos orgánicos mexicanos gozan de excelente aceptación en los mercados internacionales. Sin embargo, acota el investigador, la producción de jitomate, pepino y chile orgánico en territorio mexicano es una actividad incipiente. La producción de hortalizas orgánicas (chiles, calabaza, pepino, cebolla) registra una superficie de 3,831 hectáreas, distribuida principalmente en los estados de Sinaloa, Sonora, Baja California, Chiapas, Colima, Baja California Sur, Estado de México, Distrito Federal, Veracruz y Nuevo León. Ante este escenario, Salvador Villalobos considera que el mercado orgánico, “requiere diferentes productos especializados que deben cumplir con la normativa establecida tanto en el país donde se produce como el destino. Esta situación condiciona a los productores a estar en proceso continuo de capacitación y adaptación de tecnología para poder permanecer competitivos en el mercado”.
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Pimiento ecológico Para contribuir al fortalecimiento de la productividad de estos cultivos, el investigador del INIFAP, junto con su equipo, trabaja en especial con el cultivo de pimiento ecológico en invernaderos de tecnología intermedia para el estado de Guanajuato, con el objetivo de posicionar a esta entidad como importante proveedor de alimentos saludables, y sobre todo mantener la calidad física, química y biológica de los suelos, promover el uso eficiente del agua, reducir la contaminación del suelo y aire. A esto se adiciona, el uso de tecnologías relacionadas como el control biológico que es una de las principales alternativas de solución fitosanitaria, y la asociación y rotación de cultivos promueve la diversidad de enemigos naturales. Salvador Villalobos expone que en los programas de certificación aparecen las formulaciones a base de microorganismos que pueden ser utilizadas en producción ecológica. En la producción de hortalizas, los productos más utilizados son los insecticidas a base de distintas cepas de bacterias, virus, hongos y nematodos. En el caso de bacterias entomópatogenas, la mayoría pertenecen a Bacillus thuringiensis, la más estudiada y utilizada en todo el mundo. Con respecto a virus, detalla, se han aislado miles de ellos en al menos 13 órdenes de insectos y se cuenta con alrededor de 23 productos comerciales formulados a base de virus que controlan larvas de lepidópteros principalmente. Las especies de hongos entomopatógenos principales en el mercado son bauveria bassiana, metarhizium y verticillium. En cuanto a los extractos y preparados orgánicos, no cualquier sustancia de origen natural puede ser utilizada en la agricultura orgánica. Los únicos productos naturales o sistémicos permitidos son aquellos que así aparecen en las listas de OMRI y la lista nacional autorizada por Senasica. El investigador del INIFAP subraya que debido a que las normas de certificación limitan el uso de fertilizantes químicos, proporcionar nuevas fuentes de nutrimentos alternos es una necesidad intrínseca que caracteriza demanda la agricultura ecológica. “La aplicación de materiales orgánicos como abonos –remarca– de diferentes fuentes estimula la diversidad biológica de organismos benéficos que desempeñan numerosas funciones desde la competencia con otros microorganismos patógenos en el suelo hasta la producción de numerosas sustancias que benefician directamente a las plantas propiciando mejor crecimiento, productividad, calidad, sin residuos de pesticidas y con buena calidad organoléptica, digestiva, y nutricional, con riqueza en minerales, oligoelementos, vitaminas, fibra, azucares, y otros sustancias benéficas como prebióticos que fortalecen la flora intestinal, metabolitos secundarios utilizados por la medicina alternativa, etcétera”. F/COMUNICADODEPRENSASIIINIFAP.

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